“Hay variedades que son Ferraris, pero corren por los baches de nuestros suelos”

Uno de los paneles clave del Congreso Maizar 2015, que se realiza este martes y miércoles en Parque Norte, hizo eje en la posibilidad de anticipar temas técnicos de cara al futuro, con el objetivo de vislumbrar y tratar de liderar los enormes cambios que vienen. El presidente de Maizar, Gastón Fernández Palma, y el presidente del CPIA, Ricardo Bindi, abrieron la primera mesa, Tecnologías que debemos tener en cuenta.

 

Allí, los expertos Miguel Taboada, del INTA, y Fernando García, del IPNI, se enfocaron en los problemas de fertilidad, enfocándose respectivamente en la condición de los suelos y en la fertilización, moderados por el Ingeniero agrónomo Jorge Latuf, de Aacrea.

“Uno de los principales dilemas de la economía en el siglo XXI es que la cantidad de suelos fértiles ha llegado casi a un techo. Dado que producción es igual a rendimiento  por superficie, no queda más que aumentar los rendimientos”, señaló Taboada, que se refirió a los “beneficios de mantener el estado físico de los suelos, que proveen soporte, agua y nutrientes al cultivo”.

El especialista se refirió al rol que cumple el suelo en cerrar la enorme brecha de rendimientos entre los promedios y los potenciales, analizando factores que no son el agua, el factor que más tiene que ver con los rindes.

“Hay variedades de maíz que se liberan al mercado, que son Ferraris, con potenciales de arriba de 20 toneladas por hectárea, pero las hacemos correr por estas rutas llenas de pozos que son nuestros suelos”, señaló.

“Cuánta agua de lluvia entra a los suelos. Hay que tratar de minimizar el agua perdida”. De las pérdidas, que se dan por escurrimiento, evaporación y drenaje profundo, el especialista dijo que hay que minimizar los dos primeros factores. “La siembra directa intenta hacerlo, pero debe rotar los cultivos”.

El especialista invitó a llevar pala y hacer pozos. “Hay que ver qué está sucediendo con las raíces: depende fuertemente del estado físico de los suelos. Por un lado, el tipo, estabilidad y resiliencia de la estructura: la aireación, la retención de agua, conductividad hidráulica. Por otro, la profundidad de enraizamiento”.

“Para que la planta aproveche agua y los nutrientes, lo primero es que tenga raíces”, remarcó. “El monocultivo de algodón, de girasol, de soja, todos son perjudiciales porque dejan poco residuo en el suelo, más allá de si ya son pobres en materia orgánica o limosos”.

“En los años húmedos la planta no siente el problemas físicos. Pero al secar, el suelo empieza a hacerse duro por la compactación”. “Como el fósforo es un nutriente poco móvil, que se mueve por difusión, no puede ser aprovechado por la planta.

Taboada remarcó que “los buenos suelos son las estructuras granulares que provocan las gramíneas: pasturas, rotaciones con maíces, cereales de invierno, con tránsito controlado y si hay buena materia orgánica”. Por ello, el experto invitó a “volver a cultivar trigo para proteger a la gallina de los huevos de oro”

 

A su turno, Fernando García dejó algunos mensajes para las generaciones futuras en materia de fertilización.

“Estamos aplicando menos de lo que extraemos en los cultivos. Reponemos la mitad del nitrógeno y el fósforo y un 40% del azufre. Reponer nutrientes impacta positivamente en productividad, rentabilidad y salud del suelo”, señaló.

El especialista indicó que estudios de nutrición de más de 14 años muestran grandes diferencias en rendimientos y resultados económicos entre una fertilización balanceada y la no fertilización, pero también respecto de la fertilización habitual del productor.

Además, hubo diferencias en la salud del suelo. “De la red surgen cambios en el contenido de materia orgánica. En dos de los cinco sitios,  de baja fertilidad inicial, se ganaron 7 y 1,8 toneladas de carbono por hectárea”.           

“Un mensaje muy importante que quiero dejar tiene que ver con el cómo: el manejo efectivo y eficiente de los nutrientes. Hay que elegir fuente, dosis, momento y localización correctos, lo que llamamos las 4R, y no valen separadas. Y esto en relación con la rentabilidad, la productividad y el ambiente”.

Como recomendación extra, señaló que “el manejo de los 4 requisitos empieza por el diagnóstico de la fertilidad del suelo, que arranca en el muestreo y análisis de cada ambiente. Hay que saber con qué suelo contamos, hay que meter la pala”.

Por otra parte, insistió en no hacer monocultivo: “Las rotaciones van a beneficiar a la soja y a la sustentabilidad del sistema, que es una deuda pendiente. Hay que mirar más con faros largos, con un poco de interacción público-privada”.

 

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